Cómo sacar partido a los conflictos

Bienvenidos sean los conflictos.

Los conflictos o problemas forman parte de nuestra vida y constituyen oportunidades de crecimiento y maduración personal.

A medida que crecemos aprendemos a resolver los conflictos de forma más inteligente y pacífica. Los bebes resuelven sus necesidades llorando. Los más pequeños de la casa reaccionan ante la negativa de los padres con pataletas. Y a medida que crecen y adquiere mayor competencia lingüística aprenden a gestionar de manera más eficaz y pacífica su conflicto: “mama, déjame ver la TV que ya he acabado los deberes”. O con la capacidad negociadora de los adolescentes, “como Papa siempre dice, todo esfuerzo será recompensado, yo creo que ya me merezco el móvil nuevo”.

Pero lo cierto es que la adquisición de esta habilidad en la resolución de los problemas no surge de la nada. Son habilidades que se aprenden imitando, practicando y sobre todo superando muchas situaciones frustrantes.

En la etapa de crecimiento los referentes más significativos para nuestros hijos son los padres y los maestros, por lo que se convierten en los activadores del potencial personal y social de los niños y jóvenes proporcionándoles múltiples experiencias de socialización, formándolos para la paz y promoviendo la no indiferencia ante posibles expresiones de violencia.

¿Cómo educar a través de los conflictos?

Creando espacios de paz y convivencia:
Estableciendo unas normas de convivencia en casa y en la escuela: “Todos merecemos un respeto. Todos tenemos derecho a la intimidad. Todos tenemos responsabilidades. El incumplimiento de estas normas acarrean consecuencias desagradables: “lo siento pero debes reparar el daño que has hecho y acatar las consecuencias: Hoy no verás la TV”

Actuando como modelos a imitar:
Toda persona necesita ser respetada y escuchada. Es importante escuchar con las orejas, pero también con el cuerpo. A nadie le gusta hablar a alguien que no mira a la cara, o que lo hace con expresión de aburrimiento, o haciendo mil cosas a la vez.

Practicando las tres reglas en la resolución de conflictos:

  • RECONOCER, que tenemos un problema y estar abiertos a escuchar al otro, a comprender que su punto de vista o sus intereses pueden ser diferentes a los nuestros y que nuestra postura no debe ser de sumisión (“vale lo que tú digas”), ni agresiva (“porque lo digo yo”). La mejor opción es buscar conjuntamente varias posibilidades de solución y elegir la más beneficiosa.
  • REPARAR, el daño realizado, porque también nos gustaría que lo hicieran con nosotros (“te pido perdón por haberte chillado”,…)
  • REEDUCAR, para la convivencia y la paz. Permanecer inactivo frente a las injusticias es una manera de participar en su pervivencia. Hay quien piensa que evitar tomar parte en los conflictos equivale a ser pacífico. Pero, no hay que confundir la pasividad con el pacifismo. Mientras que una es fruto del miedo, la otra reivindica un sistema de valores.

Las personas que gestionan de manera inteligente y pacífica sus conflictos consiguen un bienestar físico y psicológico total. Sienten que pertenecen a una familia, a una escuela y a una sociedad.

Susana Estruch Ribera, psicóloga y Doctora en Pedagogía.Bienvenidos sean los conflictos.

Los conflictos o problemas forman parte de nuestra vida y constituyen oportunidades de crecimiento y maduración personal.

A medida que crecemos aprendemos a resolver los conflictos de forma más inteligente y pacífica. Los bebes resuelven sus necesidades llorando. Los más pequeños de la casa reaccionan ante la negativa de los padres con pataletas. Y a medida que crecen y adquiere mayor competencia lingüística aprenden a gestionar de manera más eficaz y pacífica su conflicto: “mama, déjame ver la TV que ya he acabado los deberes”. O con la capacidad negociadora de los adolescentes, “como Papa siempre dice, todo esfuerzo será recompensado, yo creo que ya me merezco el móvil nuevo”.

Pero lo cierto es que la adquisición de esta habilidad en la resolución de los problemas no surge de la nada. Son habilidades que se aprenden imitando, practicando y sobre todo superando muchas situaciones frustrantes.

En la etapa de crecimiento los referentes más significativos para nuestros hijos son los padres y los maestros, por lo que se convierten en los activadores del potencial personal y social de los niños y jóvenes proporcionándoles múltiples experiencias de socialización, formándolos para la paz y promoviendo la no indiferencia ante posibles expresiones de violencia.

¿Cómo educar a través de los conflictos?

Creando espacios de paz y convivencia:
Estableciendo unas normas de convivencia en casa y en la escuela: “Todos merecemos un respeto. Todos tenemos derecho a la intimidad. Todos tenemos responsabilidades. El incumplimiento de estas normas acarrean consecuencias desagradables: “lo siento pero debes reparar el daño que has hecho y acatar las consecuencias: Hoy no verás la TV”

Actuando como modelos a imitar:
Toda persona necesita ser respetada y escuchada. Es importante escuchar con las orejas, pero también con el cuerpo. A nadie le gusta hablar a alguien que no mira a la cara, o que lo hace con expresión de aburrimiento, o haciendo mil cosas a la vez.

Practicando las tres reglas en la resolución de conflictos:

  • RECONOCER, que tenemos un problema y estar abiertos a escuchar al otro, a comprender que su punto de vista o sus intereses pueden ser diferentes a los nuestros y que nuestra postura no debe ser de sumisión (“vale lo que tú digas”), ni agresiva (“porque lo digo yo”). La mejor opción es buscar conjuntamente varias posibilidades de solución y elegir la más beneficiosa.
  • REPARAR, el daño realizado, porque también nos gustaría que lo hicieran con nosotros (“te pido perdón por haberte chillado”,…)
  • REEDUCAR, para la convivencia y la paz. Permanecer inactivo frente a las injusticias es una manera de participar en su pervivencia. Hay quien piensa que evitar tomar parte en los conflictos equivale a ser pacífico. Pero, no hay que confundir la pasividad con el pacifismo. Mientras que una es fruto del miedo, la otra reivindica un sistema de valores.

Las personas que gestionan de manera inteligente y pacífica sus conflictos consiguen un bienestar físico y psicológico total. Sienten que pertenecen a una familia, a una escuela y a una sociedad.

Susana Estruch Ribera, psicóloga y Doctora en Pedagogía.

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