La ciencia al servicio de la educación

¿Qué actuaciones nos pueden garantizar el éxito educativo para todos los niños y niñas? ¿Qué pueden hacer las guarderías, colegios, institutos, universidades para que nuestros niños y niñas desarrollen su capacidad intelectual, emocional y social al máximo de sus posibilidades?.

Parece complicado, pero es lo que todo sistema educativo debería perseguir, para todos, independientemente de su cultura o nivel socioeconómico. Deberíamos conseguir sistemas educativos equitativos y eficientes. Poder dar a todos los alumnos las mismas oportunidades y poder conseguir más objetivos con los mismos recursos que tenemos a día de hoy.

Pues todo eso lo tenemos al alcance de nuestra mano, gracias al avance más grande que hemos conseguido a lo largo de nuestra historia, y es el conocimiento científico. Aquel conocimiento mediante el cual el hombre va organizando el saber, va superando las experiencias cotidianas, hasta llegar a un saber sistemático, ordenado, coherente, verificable, preciso, especializado y universal. En este sentido el conocimiento científico es una reflexión crítica en que las opiniones personales han sido reemplazadas por juicios que aspiran a la certeza máxima y a la universalidad.

En pleno siglo XXI tenemos por fin el conocimiento científico al servicio de la educación, hemos abandonado las ocurrencias para empezar a trabajar con evidencias. Porque el hecho de basarnos en prácticas educativas avaladas por la comunidad científica internacional tiene unas consecuencias tremendamente transformadoras. Transformaremos el aula, transformaremos la escuela para transformar la sociedad. Y así mejoraremos la vida de los niños y de las niñas.

En un mundo digital donde el acceso a la información está al alcance de nuestra mano, todos nosotros tenemos acceso a aquellas investigaciones educativas que están generando los mejores resultados. Aquellas actuaciones que consiguen mejorar el clima de convivencia de los centros educativos. Ahora que tenemos el conocimiento utilicémoslo para conseguir que nuestros niños y niñas puedan alcanzar sus máximos logros.

No nos conformemos con mínimos, busquemos el máximo. Sólo cuando apliquemos el conocimiento científico en las prácticas educativas nuestro sistema educativo empezará a mejorar. Porque tendremos la seguridad de obtener los mejores resultados, las mejores personas y las mejores relaciones. Parece un mundo soñado, imaginado o ilusionado pero está pasando. Y no vamos a dejar que esta oportunidad pase de largo.

Anna Vallés

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